jueves, 15 de enero de 2009

Como es arriba es abajo.

El Bhagavad Gîtâ no es simplemente el relato de las enseñanzas de Sri Krishna a Arjuna, sino mucho más que eso. Hablar del Gîtâ es hablar de la historia del mundo en su vasta complejidad, con el entramado de deseos y pensamientos y actos que constituyen la evolución de la humanidad.

En la lectura del BG aparecen a menudo contradicciones que cuesta entender; unas veces se habla de la necesidad de todos los seres de vivir en paz, y sin embargo se recomienda constantemente luchar y combatir. El Gîtâ es tan complejo como el mundo. Así pues, quien pueda comprender esta obra podrá también comprender el mundo.

Arjuna tiene dificultades para entender las enseñanzas de Krishna. A pesar de que los discursos de Krishna son elocuentes y están llenos de sabiduría, Arjuna se siente confundido y no logra entender el significado de las palabras de Krishna. Así, le dice:
"Tus ambiguas palabras confunden mi entendimiento; dime con certeza el medio único por el cual yo pueda alcanzar la bienaventuranza." (III,2)

El discípulo pide al Maestro que éste le ilumine, pero no logra entender sus enseñanzas. Sin embargo, no es que el Maestro se niegue a instruir al discípulo, sino que el discípulo no es capaz de ver la luz y entender. Tan necesario es el discípulo como el instructor, la mente receptiva como la sabiduría que fluye de la boca del Maestro. ¿De qué vale el brillante esplendor del sol si cae en ojos ciegos? ¿De qué vale la melodía más exquisita si cae en oídos incapaces de escucharla? [1]

LA DIFICULTAD ESTÁ EN NOSOTROS Y NO EN QUIENES ENSEÑAN.

La sabiduría se nos prodiga a torrentes, pero somos tan ciegos y tan torpes como las piedras, pues no respondemos.

La primera lección del Gîtâ es que EL DISCÍPULO DEBE HACERSE A SÍ MISMO. Uno puede aprender todas las cosas del mundo externo, pero de la Sabiduría Divina no podemos aprender nada mientras no la vivamos. Sólo a medida que se logra poner en práctica en nuestras vidas lo que nos enseña el Gîtâ se hace posible para el corazón del individuo el profundo descubrimiento o revelación de los misterios.

La lectura que da el fruto del conocimiento no es la lectura del ojo, sino la lectura de la vida. El que lee siquiera un cuarto de un verso del Gîtâ de manera que lo convierte en parte de su vida, de tal modo que todos puedan leerlo también en la vida de él y sepan que en él ha tomado cuerpo siquiera una porción de las enseñanzas, ése hombre es el que lo ha leído de verdad y cosechará su fruto.

Cada lectura verdadera marca una etapa de evolución, un punto en el progreso humano. No es la mera repetición de las palabras, sino que es ese Espíritu grandioso que mora en nuestros corazones el que pone de manifiesto ese fruto.

(Fragmento de La Gran Revelación, conferencia dada por la Dra. A. Besant en la S.T. de Adyar, Madrás)


[1]- Dice el Maestro al discípulo : "no se puede llenar una taza que ya está llena de té; debes primero vaciarla. Así, no puedo enseñarte nada si no vacías primero tu mente."

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