martes, 27 de enero de 2009

RECTA ACCIÓN

La Recta Acción es la lección del Gîta. La recta acción es obrar en armonía con la Voluntad divina. Actuar, no sólo por el fruto, no por deseo de moverse, no por apego a objeto alguno, sino actuar enteramente en armonía con la Voluntad que siempre está buscando en bien universal. 

"Cumple constantemente y sin apegos la acción que debes cumplir" (III, 19)

Esta es la única definición verdadera de la Recta Acción.

martes, 20 de enero de 2009

LA GRAN REVELACIÓN

El Gîta puede leerse como una historia humana, el relato de acontecimientos que se desarrollan en un campo de batalla, y de la evolución de dichos acontecimientos y cómo afectan a las naciones y a las razas, de modo que tenemos una historia de mundos que se desmoronan.

Pero también podemos leerlo para nuestra propia ayuda, aliento e iluminación, como una alegoría del desarrollo del Espíritu dentro de nosotros. 

El Gîta como historia es la gran revelación que descorre el velo que cubre el esquema real que la historia elabora en el plano físico. Pero hay que buscar el significado del Gîta en lo que se refiere al desarrollo individual del Espíritu, y así veremos qué nos enseña, qué significa para nuestra iluminación individual. Así como en la historia hay verdad, también la hay en la alegoría.

La lección de la alegoría es el significado individual. Conflicto evidente entre el manas inferior, la mente que está en proceso de evolución, simbolizada por Arjuna, y Kama, la naturaleza emocional, pasional, simbolizada por los parientes encabezados por Duryodhana, que representan todos los lazos del pasado.

Ahí está Arjuna como el manas inferior no iluminado, lleno de dudas, tembloroso, inseguro, moviéndose de un lado a otro, haciendo preguntas. Siempre está preguntando y cuando se le contesta no entiende la pregunta. Siempre está perplejo sobre qué es lo mejor. Oscila de un lado a otro; este argumento es bueno, pero el otro también es admirable. Siempre vacilando, hacia atrás y hacia adelante, primero a un lado, luego a otro. Ahí tenemos el tipo del Manas no iluminado. Y a esa mente le habla el Instructor con palabras de sabiduría : “Ni este mundo, ni otro más allá, ni felicidad hay para el que duda.”

El que está siempre dudando y no puede definir su mente, el que en el momento en que una cuestión queda decidida ve todos los argumentos del otro lado y quiere volver a repasarlo todo, no hace ningún progreso. Está exagerando la virtud de la cautela y la prudencia. Y la exageración de una virtud se convierte en un vicio.  Mejor es actuar y equivocarse, y así aprender a hacerlo mejor en el futuro, que estar siempre vacilando y negándose a actuar.

Las etapas por las que tiene que pasar Arjuna, podemos reconocerlas en nuestra propia experiencia. Primero, en su juventud en la Corte, está sujeto a sus parientes mayores. Es una sujeción prudente y necesaria, porque sólo así puede la mente ser inducida a superar la inercia, a ejercitarse y desarrollar sus poderes. Lo mismo ocurre con la humanidad en sus primeros siglos de evolución.

Bajo la tutela de sus mayores, y siguiendo sin vacilar los impulsos naturales hacia los placeres, la mente prosigue su curso sin mucho pensar ni vacilar o dudar; no lucha. Pero luego viene la hora de luchar, en las etapas intermedias, cuando ve que la gratificación de esos impulsos no la satisface, sino que le trae miseria mezclada con placer; ve que los desengaños y frustraciones van pegados a los talones de los deseos cumplidos. Y empieza a sentir anhelo de comprender.

Luego se agudiza la lucha, viene la hora de pelear, de sufrir, de dudar. La mente se encuentra confundida respecto al dharma y a qué camino es mejor. Clama por ayuda al instructor, y su respuesta la aturde más, porque no está lista aún para ver la verdad, sino confundida por todas las atracciones a su alrededor, por las que su corazón se siente atraído. La verdad parece seca, dura, repelente; seguirla le parece que es matar todos los goces de la vida, incluso la vida misma. 

Después viene la visión de lo Supremo, de aquello que es lo único que apaga el gusto por los placeres de los objetos. Sólo cuando se ve lo Supremo, cuando la vida más plena ahoga la inferior, se acaba la atracción de la vida sensorial (II,59). Y entonces Manas se levanta triunfante, iluminado por la luz del Ser, clara, radiante, precisa; queda destruída la ilusión; el guerrero ha conquistado a sus enemigos.

Tal es en verdad la senda del alma guerrera, la senda por la que debe avanzar. Amigos en ambos lados, pues cuando el alma emprende la batalla que ha de traerle victoria, iluminación, unión con lo Supremo, jamás se encuentra de un solo lado a todos los amigos con quienes se ha vinculado en el pasado, sino que están de ambos lados, peleando entre sí. Deberes, reclamos y obligaciones en  conflicto, presionan desde ambos lados; no es suficiente querer obrar bien; es fácil obrar cuando uno sabe, pero es difícil ver el camino entre el estrépito y el polvo de la batalla, y tener suficiente agudeza de visión para perforar las nubes y ver por donde va la senda del deber.

Amigos de ambos lados ... ¿cómo renunciar a ellos? Más que amigos, el alma luchadora encontrará entre sus oponentes instructores, aquellos de quienes en el pasado esperó ayuda, que ayudan, guían y enseñan. Todos están ahora en contra de él; sus mayores, sus amigos y parientes. Y también sus menores, los jóvenes que lo critican, que ignorantemente lo condenan y desprecian. El alma luchadora tiene que erguirse sola en el espacio vacío que separa los dos ejércitos.

Y sin embargo, Arjuna no está solo del todo, pues el Instructor está a su lado; el divino Auriga, el Ser que espera ser conocido. Debe lanzarse solo a la batalla, ha de librar solo la batalla hasta su amargo final, con su fuerte diestra, su voluntad inflexible, su valor inquebrantable. Se siente terriblemente solitario. Pero en ese aislamiento es donde debe encontrar el Ser.

Allí, en medio de la lucha, cuando se siente solo, cuando todos están en su contra, la gloria del Ser brilla sobre él, y sabe con seguridad que no está solo. A pesar de las heridas, de la sangre que le ciega, a pesar de su abollada armadura y sus ropas desgarradas y sus armas rotas, el alma luchadora ha resistido impávida hasta el final. Ignoraba que el escudo de su Instructor había estado protegiéndolo en los momentos de peor peligro; no sabía que cuando venía hacia él el único proyectil que ninguna fuerza humana podía resistir, su Instructor lo desviaba hacia su propio pecho y quedaba transformado en una guirnalda en su cuello. No sabía nada acerca del broquel invisible que había apartado el torrente ígneo que sólo el Señor podría resistir; no sabía ni pensaba ni soñaba, que el Guerrero Real, disfrazado de Auriga, estaba protegiéndolo siempre.

Pues si hubiera sabido esto durante la lucha, ¿cómo habría aprendido a confiar en su propio ser íntimo? El yo externo debe desaparecer antes de que se presente el Ser interno.

Esa es la experiencia de toda alma luchadora, por la que cada uno de nosotros ha de pasar cuando recorre la senda que conduce a lo Supremo. Solamente en esa desolación puede Arjuna o cualquier otro encontrar el Ser.

No temamos, entonces, los que aspiramos a ser guerreros, cuando los amigos nos condenen y abandonen. No temamos ni siquiera cuando los mayores nos censuren y los menores nos desprecien; cuando todos por igual se burlen. Seguros, impertérritos, constantes sin cesar,  pues el Ser está dentro de nosotros.

Podremos cometer muchos errores, pues ello es propio de los cuerpos que el Ser ha tomado. Pero recordemos que esos errores son de los cuerpos, no del Espíritu. Y que soportando el sufrimiento que traen estos errores, la tosca materia se calcina y el Ser puede manifestarse más.

Sigamos luchando, llenos de coraje, con corazón valiente y firme. Y al final de nuestra batalla en Kurukshetra, aparecerá también ante nosotros el Ser, en toda Su majestad. Nuestra ilusión también quedará destruída y veremos a nuestro propio Ser tal como es.


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Fragmento de la conferencia titulada "La Gran Revelación" dada por A. Besant en la Sociedad Teosófica en Adyar.


viernes, 16 de enero de 2009

¡LUCHA!

BG - estancia segunda

(4)¡Oh Madhusûdana! ¿Cómo lanzaré yo mis flechas contra Bhishma y Drona, que tan dignos son de reverencia?
(...)
No sé qué fuera mejor para nosotros; que los venciéramos o que nos vencieran; 
(...)
Porque nada veo que pueda consolar la aflicción de mis sentidos ...

(9) Luego que hubo así hablado Arjuna, dijo de nuevo a Govinda :"No quiero pelear." Y quedó en silencio.
Entonces, ¡oh Bhârata!, respondió Krishna sonriente al que tan abatido se veía entre ambas huestes: 

Krishna :
(11) Te lamentas de lo que no debieras lamentarte. (...) El sabio no se lamenta ni por los vivos ni por los muertos.
(...)
(18) Finitos son estos cuerpos del encarnado Ser, eterno, indestructible e inmenso. 

ASÍ PUES, ¡PELEA, OH BHÂRATA! 

jueves, 15 de enero de 2009

Como es arriba es abajo.

El Bhagavad Gîtâ no es simplemente el relato de las enseñanzas de Sri Krishna a Arjuna, sino mucho más que eso. Hablar del Gîtâ es hablar de la historia del mundo en su vasta complejidad, con el entramado de deseos y pensamientos y actos que constituyen la evolución de la humanidad.

En la lectura del BG aparecen a menudo contradicciones que cuesta entender; unas veces se habla de la necesidad de todos los seres de vivir en paz, y sin embargo se recomienda constantemente luchar y combatir. El Gîtâ es tan complejo como el mundo. Así pues, quien pueda comprender esta obra podrá también comprender el mundo.

Arjuna tiene dificultades para entender las enseñanzas de Krishna. A pesar de que los discursos de Krishna son elocuentes y están llenos de sabiduría, Arjuna se siente confundido y no logra entender el significado de las palabras de Krishna. Así, le dice:
"Tus ambiguas palabras confunden mi entendimiento; dime con certeza el medio único por el cual yo pueda alcanzar la bienaventuranza." (III,2)

El discípulo pide al Maestro que éste le ilumine, pero no logra entender sus enseñanzas. Sin embargo, no es que el Maestro se niegue a instruir al discípulo, sino que el discípulo no es capaz de ver la luz y entender. Tan necesario es el discípulo como el instructor, la mente receptiva como la sabiduría que fluye de la boca del Maestro. ¿De qué vale el brillante esplendor del sol si cae en ojos ciegos? ¿De qué vale la melodía más exquisita si cae en oídos incapaces de escucharla? [1]

LA DIFICULTAD ESTÁ EN NOSOTROS Y NO EN QUIENES ENSEÑAN.

La sabiduría se nos prodiga a torrentes, pero somos tan ciegos y tan torpes como las piedras, pues no respondemos.

La primera lección del Gîtâ es que EL DISCÍPULO DEBE HACERSE A SÍ MISMO. Uno puede aprender todas las cosas del mundo externo, pero de la Sabiduría Divina no podemos aprender nada mientras no la vivamos. Sólo a medida que se logra poner en práctica en nuestras vidas lo que nos enseña el Gîtâ se hace posible para el corazón del individuo el profundo descubrimiento o revelación de los misterios.

La lectura que da el fruto del conocimiento no es la lectura del ojo, sino la lectura de la vida. El que lee siquiera un cuarto de un verso del Gîtâ de manera que lo convierte en parte de su vida, de tal modo que todos puedan leerlo también en la vida de él y sepan que en él ha tomado cuerpo siquiera una porción de las enseñanzas, ése hombre es el que lo ha leído de verdad y cosechará su fruto.

Cada lectura verdadera marca una etapa de evolución, un punto en el progreso humano. No es la mera repetición de las palabras, sino que es ese Espíritu grandioso que mora en nuestros corazones el que pone de manifiesto ese fruto.

(Fragmento de La Gran Revelación, conferencia dada por la Dra. A. Besant en la S.T. de Adyar, Madrás)


[1]- Dice el Maestro al discípulo : "no se puede llenar una taza que ya está llena de té; debes primero vaciarla. Así, no puedo enseñarte nada si no vacías primero tu mente."

miércoles, 14 de enero de 2009

QUE EMPIECE LA FUNCIÓN


Then Arjuna spoke thus to Krishna, the God, who stood beside him in the chariot:
"O Krishna, drive thou, I pray thee, my chariot so that it stand between the two opposing armies, that I may gaze upon the men of the Kuru hosts that stand ready to begin this bloody fight, and with whom I must combat, battle, and strive in this fray. "
Then drove Krishna the chariot  containing himself and Arjuna, until at last it stood in a space between the two opposing hosts.

Bhagavad Gita - part I The gloom of Arjuna


"En el medio, entre los dos ejércitos, pon mi carro, Oh Achyuta!,
para que pueda contemplar esas huestes ansiosas de pelea con las que he de combatir en esta guerra,
Y mirar a los de ahí reunidos, prestos a la lucha ... "
Así solicitado, guió Krishna el carro hasta que estuvo en el medio, entre ambos ejércitos. 

B.G. - I - 21-23