Recordaréis que el orador y el discípulo se encuentran en medio del campo de batalla , entre dos ejércitos que están a punto de entrar en la lucha. En el momento en que “la lluvia de flechas está a punto de caer” (I,20) es cuando el desánimo embarga el corazón del heroico Arjuna. El plan completo de todo lo que se dice o se hace, bajo el disfraz de la historia del Gîta, sólo tiene un motivo : darle a Arjuna energía y valor, empujarle a la acción, obligarle, si es necesario, a combatir; y el argumento se mezcla constantemente con estas palabras que se repiten : “Lucha”.
Poco importa la clase de argumentos que han precedido. Ya puede ser una tesis que expone la naturaleza del Jivâtmâ, el sin nacer, imperecedero, perpetuo y estable, y a esta exposición le sigue : “Lucha” (II,18). O una larga tesis filosófica explicando la naturaleza de lo Único y de lo Múltiple, describiendo la constitución de los mundos o la Vida Una que lo penetra todo; después de la filosofía, de nuevo suena el refrán : ”Piensa en Mí constantemente y lucha” (VIII,7). O bien puede estar tratando de la enseñanza de la devoción, la invitación para que el discípulo abandone todos sus actos a su Señor y “concentrando todos tus pensamientos en el Yo supremo ... entra en combate” (III, 30). Cuando se muestra la visión de la Forma Divina :”Destrúyelos sin temor. Combate!”(XI,34). Y al final, cuando Él urge a Arjuna diciendo : “Sumerge tu mente en Mí, sé Mi ferviente servidor, conságrate a Mí”, la idea vuelve a aparecer y se escucha en la pregunta :”¿Has destruido tu error, causado por la ignorancia?” (XVIII, 65, 72). Y el resultado de todo ello es la resolución que toma Arjuna de combatir. “Actuaré según Tu palabra” (XVIII, 73) y entonces entra en combate.
El perfecto Yogi debe entrenarse y, en cada interrupción de los argumentos, el refrán “Lucha” resuena en los oídos sorprendidos. “Prepárate para el combate” (II, 38) es el mandamiento del Señor del Yoga. En toda esta escritura del Yoga, aparece el insistente empuje hacia la acción de cariz más violento, como si en la lucha estuviera incorporada, como si dijéramos, la quitaesencia de la actividad, su impulso, su torbellino, su agitación, su estallido. ¿Cómo podríamos encontrar una actividad más viva que la actividad del héroe en el campo de batalla? Y sin embargo, es ahí donde hay que conquistar al Yoga; ahí es donde el Ishvara del Yoga aparece en toda la plenitud de Su poder y de Su magnificencia.
En la India moderna, según las reglas, no pueden ir parejas una gran actividad y la práctica del Yoga.
Llega a afirmarse que nadie puede ser un Yogi si no vive apartado de los hombres, en una cueva, en la selva o en el desierto, o bien en algún retiro de los poderosos Himalayas o en cualquier otra cadena montañosa bajo el cielo sagrado de la India. Se dice que nadie puede ser un Yogi si está en medio de la actividad, del trabajo, de la labor, tratando de contribuir a todo lo bueno que hay en el mundo y, por consiguiente, viviendo en el mundo; y que Yoga significa retiro, silencio, inacción.
Es un hecho que en el transcurso de la evolución, entre la actividad nacida del deseo por los objetos de este mundo y esa noble e incesante actividad que nace únicamente del deseo ardiente de cooperar con Ishvara, el Supremo, existe una etapa intermedia en que la acción se vuelve desagradable al ser de este mundo, y en la que la lección superior de “la acción en la inacción” (IV, 18) aún no la ha aprendido el discípulo.
Pero el mismo Señor del Yoga ve el Yoga bajo otro aspecto muy diferente que el que acabo de describir :”Aquél que realiza la acción como un deber sin pensar en el fruto de la acción, ése es un asceta, ése es un Yogi” (VI, 1). Incluso va más allá y declara : “El Yoga es el arte en la acción” (II, 50). De manera que, en el espíritu del Señor del Yoga, el Yoga parece aplicarse a algo completamente diferente de la idea moderna de separación del resto de los hombres, de reclusiones en cuevas o en la selva, aislado de los demás. Esto tiene su fase en la evolución humana. Es una fase del progreso humano. Pero el Yoga, tal como lo enseña el Señor del Yoga, el Yoga supremo, es algo diferente. El hombre está aquí abajo para la actividad; el Creador del mundo es la encarnación de Kriyâ, la actividad. Brahma representa a Kriyâ, y la existencia en el universo físico no tiene absolutamente ningún otro objetivo que no sea el desarrollo de la actividad justa, dirigida por el pensamiento justo y el deseo justo; todo lo demás conduce hacia esto.
(del libro de A. Besant Comentarios sobre el Bhagavad Gîtâ)