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Se trata de vislumbrar el fin, el fin es la iluminación, es despertar, es auto-realizarse. Vive una vida recta. Es todo.
En el Manduka Upanishad hay una historia:
Un hijo le pregunta a su padre "¿a quien me vas a dar?"
- " A la Muerte", contesta el padre.
El hijo entonces va al encuentro de la Muerte, hasta su casa, pero ésta no está. Tarda tres días en regresar. A su regreso, la Muerte le pide disculpas, pues es una falta muy grande cuando no se atiende a una visita. Para reparar la ofensa, la Muerte le dice:
- "pídeme tres gracias y te las concederé"
El primer deseo que pide el hijo es que al volver a su casa, su padre no esté enojado con él y lo reciba con agrado. La segunda petición es de tipo filosófico, que también le es concedida. Al pedir la tercera gracia, el hijo dice "quiero saber el secreto de la inmortalidad".
La Muerte le ofrece entonces toda clase de ofrendas, elefantes, riquezas, reinos, pero es reticente a desvelarle el secreto de la inmortalidad, pues quien la domine vencerá a la muerte. Pero el hijo no cede y al final la Muerte debe cumplir su promesa. Y le dice:
"El ignorante sigue lo agradable. El sabio sigue lo recto. Lo recto es lo único que aporta la inmortalidad. La diferencia entre lo recto y lo agradable es todo. El que sabe distinguir entre el poder de lo recto y lo ilusorio de lo agradable vence a la muerte. Y el que vence a la muerte en vida, la vence también cuando llega la muerte del cuerpo; no muere cuando llega la muerte ."